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martes, 18 de febrero de 2014

UNA ESPIRAL ES UN ABRAZO COLECTIVO QUE EMPIEZA EN UNA PALABRA Y TERMINA EN EL INFINITO


Todos los pequeños grandes logros de la humanidad han nacido siempre de la cohesión entre las sensibilidades afines. Disfrutad, por tanto, de estos instantes en los que superamos las barreras del ego y nos entregamos al abrazo y a la empatía. 

  
Abrazo como el que nos entregó Juan Carlos Friebe en su poema:

Abrazo una nube: abrazo una isla de cielo.
Abrazo una pasajera sombra sola sobre la sola inmensidad del mar.
Abrazo un jirón fugaz de una ola prendida de un suspiro de aire
abrazo blanca la espuma que, lenta, se derrama en la orilla.
Abrazo una suave pluma que surca, breve, el espacio inmenso:
un humo abrazo ya y su ya tan casi leve ceniza.
Abrazo un anhelo huyendo en desbandada,
la huella descalza de una ausencia sobre una nieve aún en llamas.
Abrazo una isla: abrazo algo parecido no sé si a una nube,
                                                o si a un sueño.


sábado, 30 de julio de 2011

JORNADA

“Largo se le hace el día al que no ama / y él lo sabe”.
CLAUDIO RODRÍGUEZ.



Jornada tras jornada, mientras aguardas qué:
cuesta volver a casa cuando nadie te espera.

Se hace duro el camino de los pasos cansados
que no dejan tras de sí más huella que un suspiro
prendido de los labios y sombras resignadas
a la correa que ata su dueño cada día
a su figura obscura, a su vida perdida.

Tan escaso jornal, tras tan larga jornada.

Apenas unas cuantas monedas sin valor,
calderilla, un mechero que ya casi no enciende,
los restos de un paquete de hebras de tabaco,
las llaves de la casa, las del buzón vacío
al que sólo remiten recibos y facturas,
el libro de bolsillo con el cual entretienes
tus horas de parada y de autobús.
Casi a ciegas lo dejas todo, sobre el aparador
de la entrada. Bostezas. Será peor ahora:
la cama si hacer, la ropa sin planchar
amontonada sobre la ropa sin doblar
de la última colada, los platos sin fregar
en la cocina sucia, el suelo sin barrer,
la manta en el sofá dormida en la penumbra
y ese sentimiento mezcla de culpa y rabia
como el primer café de la mañana, amargo
de sabor y saber que la jornada empieza
con olor a lejía: y a derrota: y a pena.
¡Y tanta noche aún, tan sola, por delante!

Cuesta volver a casa cuando todo te espera.

Las cosas ya perdieron la ilusión de una mano
que supiera tratarlas con mimo y suave tacto,
y resignadas yacen, con callada desidia,
a que te acuerdes de ellas y te acuerdes de ti.
Procura hacerlo, pronto, pues tu vida se escapa,
jornada tras jornada, mientras aguardas qué.

Juan Carlos Friebe